nieva
y los castaños de mi calle erial
se disfrazan de muñecos albos
con nariz de zanahoria
y bufanda de pájaros negros
el horizonte tiene el color
de una tarta sin azúcar ni huevos
extiendo los dedos
y atrapo el aire helado
un trocito de cielo blanco
se derrite sobre la palma de mi mano
tímido
y se lleva consigo
un pedazo de mi sombra
servido por Aurora
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Según un propuesta de El espejo lúdico.
Fotografía de David Boehm.

a medias
y
tocantes
dos
sin aliento
silencio resuello
moverse mano
extasiada
regalada
derretida
suya matizada
aire
trazando el suyo
servido por Aurora
sin comentarios
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5.1.
12:01 a.m. Vuelve solo a su casa sola. La estación está vacía, como sus manos. Su cabeza está llena del estruendo de un andén abandonado sobre el que rebota el silencio de todo lo que en él ha sucedido ese día. Una ráfaga de viento ulula secamente. Sobre ella cabalga un folleto blanco, aturdido, como una petición de tregua. El papel se posa sobre las baldosas mal fregadas, justo al lado de su zapato enlustrado. Ni siquiera lo ha visto. El impreso se impacienta. Y decide retomar el vuelo.
12:02 a.m. El hombre afortunado vuelve solo a su casa sola.
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5.2.
12:01 a.m. Vuelve solo a su casa sola. La estación está vacía, como sus manos. Su cabeza está llena del estruendo de un andén abandonado sobre el que rebota el silencio de todo lo que en él ha sucedido ese día. Una ráfaga de viento ulula secamente. Sobre ella cabalga un folleto blanco, aturdido, como una petición de tregua. El papel se posa sobre las baldosas mal fregadas, justo al lado de su zapato enlustrado. Lo recoge, no lo mira. Lo manosea, hace una bola y la tira.
12:02 a.m. El hombre afortunado vuelve solo a su casa sola.
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5.3.
12:01 a.m. Vuelve solo a su casa sola. La estación está vacía, como sus manos. Su cabeza está llena del estruendo de un andén abandonado sobre el que rebota el silencio de todo lo que en él ha sucedido ese día. Una ráfaga de viento ulula secamente. Sobre ella cabalga un folleto blanco, aturdido, como una petición de tregua. El papel se posa sobre las baldosas mal fregadas, justo al lado de su zapato enlustrado. Lo recoge, lo manosea, hace una bola y se la mete en el bolsillo.
12:02 a.m. El hombre afortunado vuelve solo a su casa sola.
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5.4.
12:01 a.m. Vuelve solo a su casa sola. La estación está vacía, como sus manos. Su cabeza está llena del estruendo de un andén abandonado sobre el que rebota el silencio de todo lo que en él ha sucedido ese día. Una ráfaga de viento ulula secamente. Sobre ella cabalga un folleto blanco, aturdido, como una petición de tregua. El papel se posa sobre las baldosas mal fregadas, justo al lado de su zapato enlustrado. Lo recoge, lee vagamente. Mira el reloj. ¿Quizás…? El tren entra en la estación.
12:02 a.m. El hombre afortunado vuelve solo a su casa sola.
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5.5.
12:01 a.m. Silencio.
12:02 a.m. El hombre afortunado…
servido por Aurora
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sale de debajo de la seda inquieta tras sus pasos
ojos de sal y galletas
leche en polvo - un término general
evidencia del ritmo sin cesura
dormido o agitado en un whisky doble sin hielo
ágiles los dedos entre la muchedumbre de fonemas despoblados
descansa el céfiro, sangra ella
nieve, nube, niebla, telaraña
o la luna llena bajo la maraña de un montón de insomnios
sonrientes
tranquilos, desordenados de un
amante astuto, (h)ambriento, amado
lisérgico
ganado en una timba de ajedrez
ilegal a medias con la policía del karma
anti-musa y anti-poeta
cerrada la aldaba
umbral y dintel sobre la misma línea
insistencia […] un dedo sobre un labio […] noche breve/sonrisa crónica
troya
aquí…
servido por Aurora
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