Se habían encontrado una noche después de intercambiar algunos mensajes por Internet. La historia había empezado como una pregunta inocente en la red sobre una cuestión técnica acerca de un web site y había ido transformándose en un ir y venir de correos cada vez más extensos e íntimos. Decidieron romper lanzas y verse cara a cara.
Hablaron hasta el alba de los nuevos discos de Tal y de Cual, de un libro que amaban desde la adolescencia, de fotografía, de la falta de comunicación que asola a la humanidad, de honestidad, de la soledad, del sentimiento mutuo de conexión mística. Cuando tuvieron sueño, se desvistieron, se tumbaron en la misma cama, se dieron un beso de buenas noches y durmieron juntos. A la mañana siguiente, se despidieron.
Después del encuentro, los mensajes se espaciaron y se hicieron más fríos. El último que recibió ella por parte de él decía:
Lo único que puedo ofrecerte en este momento es sudor y semen.
Su mente quedó en blanco durante algunos minutos hasta que procesó la información. Aquella noche maravillosa para ella, él… todo había sido una vil farsa. Borró el mensaje, borró todos los mensajes y deseó que realmente existiera la justicia cósmica.