Estolidez
Compongo un sendero con las hojas tachadas de un manual de impaciencia lanzado al aire. Mil reproducciones abyectas de mí misma me persiguen para arrancarme de la lengua el alegato que las devuelva a este lado del círculo vida-muerte. Los cuervos se ríen de mi terror.
Mi océano quedó encerrado en una fotografía que pierde los colores dentro de su marco protervo, eclipse de sol carcomido, las voces antes amigas se convierten en zumbidos de moscas hueras. Estoy borracha y deshecha; quisiera partirles la cara a todos esos monos distorsionados que se mueven a golpe de despertador.
No siento mi libídine. El hambre y la efusión acabaron hoy en el cubo de la basura. La náusea me apremia, el alfanje me llama y me incita a cercenar cuellos. Ojalá fuera capaz de desleírme y acabar con este sacrificio letárgico del vino.
Este monólogo me rebosa la cabeza, el cronómetro a cuentagotas cayendo sobre mi frente como una tortura china, esta cruz que es mi estupidez cerrándome el grifo de la inteligencia. Me llueve la filantropía en plena efervescencia misántropa, tormenta eléctrica, delirio en rama que no encontrarás en venta en ningún supermercado.
¿Sendero? Voy con los ojos vendados por en medio del tránsito urbano hacia tu terrado, las sábanas blancas tendidas al viento enfermo como pidiendo una tregua a la noche. Cuando llegue, caída, majada, recuerda desatarme los cordones de los zapatos.
Quiero caminar con los pies desnudos sobre las ascuas de tu displicencia antes de que empiece a comprender con lágrimas en los ojos y palabras atravesadas como dardos envenenados en la garganta, mudas en los labios, que, en verdad, nunca fuiste un capítulo de mi obtusa biografía.





el que pasa por aquí de vez en cuando dijo
Te espero aquí, en el terrado de mi casa. Tengo algunos proyectos de bonsais, no sé, tal vez te gusten.
PD: descuida, te dasataré las botas.
25 Septiembre 2006 | 01:30 AM