La vieja canción del mundo
El día normalmente empieza con la aurora y hoy esa aurora no he sido yo.
He recibido su mensaje colectivo pero no por ello menos sincero apenas hace un rato y con la primera frase he sabido el contenido de su correo, porque a pesar del medio astringente que es Internet o de los meses que haga que ella y yo no nos vemos (la vida es puerca y te constriñe el tiempo), hay cosas que una, por su naturaleza sibila y su capacidad de observación, de leer entre líneas o percibir vibraciones, simplemente sabe sin necesidad de que nadie se lo diga. Y a medida que he ido avanzando en la lectura, a cada palabra, ¡la inmensa sensación!, y un nuevo nudo de paroxismo se me iba haciendo en el estómago hasta que han sido tantos que me han inundado todo el pecho y la garganta y me he mordido el labio como hago siempre antes de empezar a llorar y he gritado de alegría y mis gatos han maullado contentos por mi alarido festivo y he querido llamarla pero no está disponible y entonces tengo que escribir hoy sobre ella, sobre ellos, porque sencillamente me han hecho sentir feliz. Ahora aún estoy emocionada y me resbala alguna que otra lágrima hasta mi enorme sonrisa. Porque yo conocí hace unos años esa sensación de albergar vida en el propio útero y es enorme, inefable, simplemente única.
Mi niña abraza-árboles, rapsoda inquieta y actriz de sombras chinas, payasa y una de mis poetisas preferidas, ex-compañera de la facultad de filología, ahora profesora en ella (porque es una chica aplicada y eficiente, trabajadora y dedicada), amiga y de algún modo hermana, la Maga Despistada… ¡está embarazada! Ella y su caballero andante de brillante armadura serán padres primerizos hacia mediados de Septiembre. Y sólo os quiero decir a los tres, bien alto para que me escuchen todos, que ni estáis locos ni sois unos descerebrados, sino algo tan grande como una familia, esa que uno escoge y hace crecer y no la que a uno le toca, un magnífico proyecto de futuro. ¡Y a mí me encantará hacer de tía, malcriar a la criatura y llevarla por el mal camino de la música!
A las dos Emes y al pequeño o pequeña que aún no tiene nombre, pero que seguro se llamará de algún modo original y será una persona especial porque tendrá todo el amor (en toda la magnitud de la palabra) de sus padres, a los tres: felicidades. Os quiero. Simplemente y desde dentro.





comentario dijo
Uy, uy, uy!!! Que te veo muy maternal y con las babas.
Bonito el post, me ha gustado.
Y lo he entendido!!! Guau, gracias!!
14 Febrero 2007 | 11:53