Soliloquio de una imbécil en Fa sostenido menor – 9º movimiento (a tempo)
Empezó el segundo cuatrimestre y apenas tengo tiempo para sentarme a escribir. Vorágine.
Tiempo.
La palabra se hace recurrente en los últimos tiempos por muchas y diversas razones. Para algunos porque el tiempo se acaba (¿el tiempo para qué se acaba?), para otros porque no llega (¿el tiempo para qué no llega?), para otros porque justo ahora comienza (¿el tiempo para qué comienza?). Tiempo.
Los hechos se dan y la gracia de todo este asunto arbitrario [porque la vida (entendida como concepto) y el tiempo de ésta son cuestiones meramente del arbitrio y nuestro estado de conciencia ¿superior?, una vicisitud, una casualidad evolutiva] está en seguir levantándose después de cada batacazo, en la dignidad de continuar hacia delante sin mirar atrás tras el estrépito del fracaso, en superar nuestro miedo atroz a la nada a medida que nos tragamos la sangre que nos mana de nuestras narices rotas contra el suelo duro de la realidad, esa ansiedad vital con sabor a ferritina, óxido de nosotros mismos, la ofuscación ante la posibilidad de no alcanzar lo que es factible asir en las propias manos. Pero, curiosamente, a medida que me hago mayor (porque me hago mayor), las piedras en el camino no sólo no me hacen más intolerante, sino que me invitan a la paciencia, a la observación, a la espera, a entender que las visiones siempre son múltiples, un caleidoscopio de posibilidades en medio del agujero negro que hay entre el razonamiento de un humano y sus pasiones. Y de alguna manera pienso o me doy cuenta de un modo un tanto paradójico de que todo en verdad es cuestión de tiempo.
Tiempo.
Últimamente muchos reflexionan sobre el tiempo, como si entre todos fuésemos a descubrir la sopa de ajo. El tiempo esto, el tiempo lo otro. Voy a parafreasearme a mí misma: el tiempo no cura, pero tampoco lo estropea todo. El tiempo simplemente ocurre, es la única cualidad que tiene, la de venir para pasar, y somos nosotros quienes hacemos de él lo que creemos, como, por ejemplo, usarlo como medicamento para el perdón o el olvido u otros males del corazón o la mente o dilatarlo hasta la saciedad, ahogándonos en él como si de un pozo de condena se tratara. El tiempo nunca es agente, sólo herramienta o circunstancia. O el tiempo es lo que sucede en los silencios entre acto y acto, entre dicho y hecho. Hm. Tiempo.
Argumentum ad absurdum y una carcajada.
Tiempo al tiempo.







estedeleden dijo
No, la máscara no me estorba para reír yo también, al contrario; me reactualizo como personaje de tragedia griega totalmente dionisiáco, por supuesto. El tiempo es una sustancia que se ha inventado para aludir a descripciones que ubiquen cual entomología prepotente (no tanto que den sentido) a los actos humanos -modos de insectos-; por eso es imperfecto, en su totalitarismo: nada más totalitario que el tiempo, y a veces, hasta el espacio. Sin embargo, en concreto ¿qué es el tiempo para ti Aurora B.?
Aquí leo que te preocupa quien lo piense como dador de alivio o de dolor, conforme pasa. "Ni olvido, ni perdón" dicen los sufrientes, yo qué puedo decir, mejor inteperpelo a tu inteligencia y devuelvo ¿qué es el tiempo para ti, Aurora?
Para mí es una elaboración mental cada vez que tengo que verificar mi sobrehumanidad (o mi condición de insecto), y aquí, una vez más he tenido algo de tiempo para ti, claro.
Te saluda Alex, quien escucha tu arte, desde México.
13 Marzo 2007 | 04:32 AM