Auto-entrevistas a media sombra - 3er movimiento: De música, risa y planetas
El gato de Cheshire ha venido nuevamente de visita esta noche a mi vigilia. En esta ocasión venía acompañado por un niñito de cabellos dorados e interminables preguntas que me ha pedido que le dibujara una canción para su pequeño planeta. No he podido negarme y le he regalado una colección entera de melodías de todos los colores, una para cada puesta de sol. Él ha reído mucho y a mí me ha gustado su risa. Nuestro amigo gato ha desaparecido y nos ha dejado solos. En realidad no podemos saber si se ha marchado o aún seguía allí en modo invisible. Él es así; hace y deshace a su antojo y siempre cuestiona la realidad de las cosas. Por eso nos gusta. Entonces el niño me ha mirado a los ojos y me ha dicho que quizás debiera construir un nuevo asteroide para mí, uno parecido a su B612, en el que cada elemento que allí exista sea único y valioso, aunque la gente grande no pueda comprenderlo y siga inquiriéndose por la hora en vez de preocuparse por las cosas importantes de la vida como, por ejemplo, qué le dice el agua del mar a las rocas en un acantilado. También me ha dicho que quizás vuelva a ser momento de dejarse domesticar por alguien y que le he recordado bastante a su amigo el zorro. Se ha levantado de la silla, me ha dado las gracias por la música, ha vuelto a reír y se ha marchado cantando la tonada violeta que yo había escrito para él.
Me he quedado sola, mirando las estrellas entre lágrimas y una enorme sonrisa. Una de ellas me ha guiñado un ojo; ya lo había hecho otras noches, pero no le había prestado demasiada atención. Y entonces he pensado que, si ella está de acuerdo, quizás deba construir allí mi pequeño planeta…







el-peletero dijo
Antes de hacerlo búscale un nombre. ¿O es al revés? ¿Los nombres se ponen después o antes?
La hija que todavía no tengo, ni tendré, ya tiene nombre. Hablo con ella, me responde y les escribo cosas.
No hace mucho incluso estuve a punto de robar un niño. Ya tenía nombre y padres, aunque separados, o al menos eso parecía, que estaban separados. Si hubiera conseguido robarlo le hubiera cambiado el nombre. Pero fallé.
¡Qué le vamos hacer! Otra vez será.
3 Octubre 2007 | 11:13 AM