Burócratas, tecnócratas, ácratas (porque no respetan autoridad alguna…), sátrapas… ¿Realmente creen que a ningún alemán le interesa que cuatro tontos se peleen a orillas del orinal en que hemos convertido el Mediterráneo por si mostrar nuestra literatura en catalán o en castellano? Pongo la mano en el fuego y contesto por ellos en su propio idioma: nein, dieser Blödsinn interessiert uns einfacht nicht. No, esa idiotez simplemente no nos interesa, ni a ellos ni a los que llevamos el hecho de ser charnegos con mucha honra.
Desde luego, si ser español es lo que ciertos personajes braman (porque no declaman, sino que barruntan…), no puedo sentirme de ningún modo española. Pero tampoco he de sentirme catalana si por ello he de renegar de Eduardo Mendoza, de Enrique Vila-Matas o de María Hernández. Si no hablara castellano me hubiera perdido a Lorca, a Pizarnik, a Cortázar, a Borges, a García Márquez, a Bryce Echenique, a Bombal, a Sabato y a ene más en versión original (ya saben: traductor-traidor… y lo digo yo que soy mi propia traductora…). Escribo y leo en castellano porque es mi lengua materna; escribo y leo en catalán porque es mi lengua paterna. Al igual que escribo y leo en alemán porque recibí gran parte de mi educación en ese idioma y escribo y leo en inglés simplemente porque me da la gana. Hace tiempo también aprendí algo de francés y hace un par de años me dio por estudiar sueco. Y si en el futuro viene algún idioma más, bienvenido será. ¿Politicemos he oído? Ah, creí que habían dicho culturicemos… Qué tonta…
El texto habla siempre por sí mismo y un idioma nunca es el enemigo. Pero parece ser que lo verdaderamente importante (la buena literatura – escrita en cualquier lengua - ) no le interesa a nadie un comino.
En fin; qué suerte para mí ser músico y poder acostarme a las ocho…