nieva
y los castaños de mi calle erial
se disfrazan de muñecos albos
con nariz de zanahoria
y bufanda de pájaros negros
el horizonte tiene el color
de una tarta sin azúcar ni huevos
extiendo los dedos
y atrapo el aire helado
un trocito de cielo blanco
se derrite sobre la palma de mi mano
tímido
y se lleva consigo
un pedazo de mi sombra





Sin que la nostalgia se apodere de la imagen, este poema es el cosmos tocado por la mano de una sensibilidad admirable.
Me gusta mucho tu poesía Aurora grande.
Te saluda tu nocturno lector...