nieva
y los castaños de mi calle erial
se disfrazan de muñecos albos
con nariz de zanahoria
y bufanda de pájaros negros

el horizonte tiene el color
de una tarta sin azúcar ni huevos

extiendo los dedos
y atrapo el aire helado

un trocito de cielo blanco
se derrite sobre la palma de mi mano
tímido
y se lleva consigo
un pedazo de mi sombra