Tomándome la licencia para generalizar (a lo 007, ahora que está de estreno…) que otorga el humor de domingo a 0ºC, la prensa española es un tostón salmantino, patatas asadas y Ribera del Duero Gran Reserva incluidos (para después echarse una soberbia siesta de pijama...). Pero la culpa la tengo yo que, en mi empeño diario de no desconectarme de lo que sucede en mi patria (no por cuestiones de bandera, sino porque allí está mi infancia…), incurro cada mañana en el error de abrir la edición online de algún que otro periódico de la Península Ibérica. Simpleza, partidismo, mala redacción y patadas al diccionario a cascoporro donde no deberían darse o mi crítica benevolente para el 99,9% del periodismo made in Spain.
Hoy me topo con esto. Y me entra la risa tuerta. El tema del artículo tiene su guasa. Que la propuesta venga de una agencia de publicidad que tanto te vende que si no tienes no eres persona como intenta lavarte el cerebro para que seas tú la que venda a su propia madre al diablo me gira un poco el estómago. Pero en un punto les doy la razón: la lengua es algo vivo que, para bien o para mal, pertenece, en primera instancia, a quien la usa. La norma evita que se despendole, unifica y procura un estándar para que podamos entendernos en lo material. Hasta ahí, soy la primera que obliga a sus textos formales (la literatura es otra galaxia lingüística con sus propias leyes termodinámicas…) a pasar por el despiadado tamiz del corrector ortográfico y gramatical; lo valiente no quita lo cortés… Pero, fuera de ese ámbito ¿erudito?, para alguien que disfruta con el sonido y tiende hacia un cierto fetichismo de las palabras, no puede haber algo más bonito que la claridad y la precisión del neologismo (cotidiano). Independientemente de si proviene de la iconografía popular o de si es producto de la imaginación de alguien que buscaba un término mucho más preciso que los ya existentes para su idea o de si es un derivado de alguno de ellos, que, adoptado y desarrollado por el usuario, ha pasado a formar parte de nuestras vidas sin quererlo (aunque no siempre sea aceptado por la academia o la administración siempre vaya muy por detrás de la evolución…). Porque, por ejemplo, los cronopios existen; yo conozco personalmente a alguno…
Puest@s a pedir (en tiempos de globalización y de discusiones socio-antropológicas acerca de la igualdad de género), no me parecería descabellado introducir oficialmente la @ como marca de indistinción sexual en el lenguaje, el güifi (con güi, que los dos puntitos sobre la u son tremendamente simpáticos…) como objeto tecnológico o internauta (no, la RAE no recoge aún la palabra…) como navegante de la red, como ya se ha hecho con kafkiano o chucrut (la derivación desde Sauerkraut no tiene desperdicio…).
Pero continuando con el pseudo-chiste, si algunos quieren ser más papistas que el Papa o meterse a periodista (para lo que deberían manejarse a nivel de escritura académica…), una de dos: o que usen el étimo para la expresión (caesar) o que al Káiser Guillermo II de Prusia le pongan un acento en la a cuando lo escriban en castellano... Y si no, que abran un blog en La Coctelera y se dediquen a vomitar sus (apelando a la inventiva...) esgrimimientos neuronales sin ánimo de lucro (y básicamente por placer más que por pretendida intelectualidad...) como hacemos los de a pie…
Ego dixit.





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